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UNA VIDA AL LÍMITE

UNA VIDA AL LÍMITE

Este año se cumplen 40 años de la muerte del actor británico Peter Sellers, fallecido a la edad de 54 años. Sus películas siguen siendo populares y sus personajes muy queridos también por las jóvenes generaciones, pero, como muchos otros actores de comedia famosos, Sellers era en cierto modo un alma atormentada. Encontró consuelo en los coches y la velocidad, y más concretamente, en su conocida pasión por un espectacular Ferrari 275 GTB/4
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John Naughton

Peter Sellers era un hombre con prisas. Cuando sufrió el infarto que acabó con su vida en julio de 1980, tenía 54 años, aunque le había dado tiempo a convertirse primero en estrella de la radio y luego del cine, y disfrutar de fama internacional por sus papeles cómicos y dramáticos. Su carisma, su ingenio y sus increíbles dotes para la imitación le hicieron fabulosamente rico, protagonista de numerosas portadas y amigo de la realeza británica y las estrellas de Hollywood. Mientras, su declarado afán por encontrar a la mujer perfecta le había llevado a contraer cuatro matrimonios, el más famoso de ellos con Britt Ekland, que más tarde se convertiría en chica Bond. Fue precisamente mientras compartía lecho con la actriz, y bajo la influencia del nitrito de amilo, cuando Sellers sufrió su primer ataque al corazón en 1964, a la edad de 38 años. A partir de entonces, el reloj se aceleró aún más.

Los coches rápidos ocuparon un lugar primordial en su vida, tanto para entablar relaciones con otros amantes de la velocidad, como Lord Snowdon, como para impresionar a sus amistades femeninas. El Ferrari 275 GTB/4 de Sellers, con volante a la izquierda, era su compañero de viaje habitual cuando vivía en Ginebra a mediados de los años 60. El vehículo, convertido en una magnífica pieza de coleccionismo, está actualmente a la venta en DK Engineering, una empresa situada a las afueras de Londres (ver el recuadro).

Sellers fotografiado con su esposa, la actriz sueca Britt Ekland, y el Ferrari 500 Superfast coup&egrave; que acababa de comprar <em>Foto: Getty Images</em>
Sellers fotografiado con su esposa, la actriz sueca Britt Ekland, y el Ferrari 500 Superfast coupè que acababa de comprar Foto: Getty Images

El ansia de velocidad que mostraba tras el volante se reflejaba en un espíritu inquieto que lo empujaba hacia el siguiente proyecto, la siguiente mujer, el siguiente coche, capricho o casa a un ritmo cada vez más frenético. De hecho, lo que ha alimentado su leyenda y lo ha convertido en un modelo para muchos de los actores cómicos más famosos de la actualidad es el hecho de que Sellers era tan inestable mentalmente como físicamente imperfecto. Le gustaba decir que su éxito se debía a que no tenía personalidad.

En realidad sí tenía personalidad, solo que no era muy agradable. Podía ser increíblemente ególatra, terriblemente egoísta y distaba mucho de ser el padre perfecto. Pero todos estos defectos iban acompañados de un talento sublime y una habilidad asombrosa para encarnar personajes tan diversos y fascinantes como el del Inspector Clouseau en la saga de la Pantera Rosa (Pink Panther), el Chance de Bienvenido Mr. Chance (Being There), que le valió la nominación al Oscar, las múltiples personalidades de ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove), o el siniestro Clare Quilty de Lolita. Según él, podía dar vida a estos personajes debido al vacío de su alma. Puede ser.

De lo que no hay duda es de que más de 30 años después de su muerte, sigue ejerciendo influencia en los actores cómicos más importantes de la actualidad, desde Steve Coogan hasta Sacha Baron Cohen, pasando por Jim Carrey y Will Ferrell.

De hecho, Sellers podría considerarse como uno de los actores más influyentes que ha dado el cine británico. Y, sin embargo no era fácil imaginar que aquel niño rollizo, desaliñado y consentido que luchaba por abrirse camino en el mundo del espectáculo en la austera Gran Bretaña de la posguerra acabaría por convertirse en una estrella de cine internacional.

Sellers empezaba a hacerse un nombre con el programa radiofónico de la BBC Ray’s A Laugh (el juego de palabras del título da una idea del lugar que ocupó en el ámbito de la comedia británica de la posguerra), pero todo cambió cuando conoció a los que serían sus compañeros de Goon Show, Spike Milligan y Harry Secombe.

No fue un momento tan dramático como lo fue el primer encuentro entre Milligan y Secombe durante la II Guerra Mundial, en que el primero dejó caer por accidente un enorme obús muy cerca del lugar donde se encontraba el segundo; falló por los pelos. En cualquier caso, con Sellers a bordo, el programa sacudió los cimientos de la comedia británica. Todo el mundo, desde el Príncipe Carlos hasta un joven John Lennon, veneraba esa original y anárquica mezcla de efectos de sonido, tramas ridículas y humor surrealista aderezado con ingeniosos juegos de palabras.

El inspector jefe Clouseau fue el papel m&aacute;s famoso de Sellers. Aqu&iacute; el actor est&aacute; al volante de su Ferrari 275 GTB <em>Foto: Getty Images</em>
El inspector jefe Clouseau fue el papel más famoso de Sellers. Aquí el actor está al volante de su Ferrari 275 GTB Foto: Getty Images

De hecho, la principal razón por la que los Beatles aceptaron grabar con el productor George Martin fue que había trabajado con Sellers y los Goons.
En el caso de Sellers, el programa le sirvió de trampolín para el cine. Eran películas básicamente británicas, en blanco y negro y producidas por los hermanos Boulting, pero en 1960, como un presagio de la década que estaba por venir, la vida de Sellers cambió de repente al Technicolor. Hizo un papel en La millonaria (The Millionairess) junto a una joven Sophia Loren y, a pesar de estar casado con Anne Howe y tener dos niños pequeños, se encaprichó de la célebre actriz italiana hasta caer en el ridículo.

Aunque hay escasas pruebas de que sus sentimientos fuesen correspondidos, el capricho le costó su matrimonio. Cuentan que su hija Sarah le preguntó: ¿Todavía nos quieres, papá?” “Por su puesto que sí, cariño”, respondió el actor, “pero no tanto como a Sophia Loren”.

Su vida sentimental era un desastre, pero la profesional estaba entrando en su periodo más creativo. Los primeros años de la década nos dejaron dos actuaciones excepcionales bajo la dirección de Stanley Kubrick, primero en Lolita y, luego encarnando a tres personajes distintos en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, con la que obtuvo una nominación al Oscar como mejor actor, aunque finalmente el premio fue a parar a Rex Harrison por su papel en My Fair Lady.

También fue el periodo en el que nació su creación cómica más recordada, la del inspector Jacques Clouseau, el incompetente agente de policía francés. El suave ritmo de la banda sonora compuesta por Henry Mancini, la firme dirección de Blake Edwards y la impecable caracterización, comicidad y manejo de los tiempos de Sellers convirtieron los filmes de la Pantera Rosa en un enorme éxito internacional y desafiaron las convenciones del género con un tipo de humor que provocaba auténticas carcajadas.

Si el amor de Sellers por Sophia Loren no fue correspondido, tuvo mejor fortuna con otra belleza europea con la que contrajo matrimonio al poco tiempo de iniciar la relación, la inocente actriz sueca Britt Ekland. No es que la persona más importante de su vida, su madre Peg, estuviese encantada con la decisión. Con escaso respecto por la geografía, la política o la corrección política, se refería a su nuera sencillamente como “la maldita Nazi”. Nadie era nunca suficiente para su único hijo, Richard Henry, ese niño al que idolatraba desde que nació y que había sustituido a aquel otro que murió al nacer, Peter, nombre que el actor británico adoptaría para siempre.

Sellers, alrededor de 1965, apoyado en su Ferrari 275 GTB <em>Foto: Getty Images</em>
Sellers, alrededor de 1965, apoyado en su Ferrari 275 GTB Foto: Getty Images

Quizás como resultado de esta herencia, Sellers se fue volviendo más excéntrico con el paso de los años. Tras el primer infarto, en 1964, el ritmo de trabajo aumentó, pero disminuyó la calidad y empezó a depender del vidente Maurice Woodruff para tomar cualquier decisión relacionada con su carrera. Desarrolló una fobia irracional por los colores verde y morado, y su capacidad para distinguir entre fantasía y realidad se vio muy mermada.

El gusto por los objetos caros y los coches de lujo (quizás como reacción a las penurias de la guerra) fue una constante en su vida. Sentía especial debilidad por los Bentley y los Rolls-Royce. Una de sus primeras adquisiciones famosas fue un Silver Cloud I que perteneció a Cary Grant. Cuando lo puso a la venta, publicó un anunció en The Times con el siguiente texto: “Coche con título desea desprenderse de su propietario”. En esa época tuvo tres Ferraris: un 500 Superfast, el 275 GTB y un 250 GTE. En una ocasión, Sellers, con una mentalidad quizás más cercana al medioevo, propuso al actor Ryan O’Neal cambiarle uno de estos modelos por la que entonces era su esposa, Leigh Taylor-Young (que guardaba cierto parecido con Ekland). A pesar de que su conducta sexual pertenece a otro milenio, es sorprendente ver la influencia que ejerce en la actual generación de actores y cómicos. Aunque, teniendo en cuenta que Sellers, con esa habilidad para pasar de la comedia a papeles convencionales, creó el prototipo de carrera a la que aspira cualquier actor cómico, quizás no sea tan sorprendente. El desaparecido Robin Williams lo describió como "el actor más influyente", mientras que Will Ferrell se ha referido en alguna ocasión a su "capacidad única para combinar la sutileza y el exceso". Steve Coogan, que perdió la oportunidad de encarnar al actor en la película Llámame Peter (The Life and Death of Peter Sellers) cuando apareció Geoffrey Rush en escena, ha dejado patente su deuda con Sellers y su opinión sobre el genio del actor en las conversaciones que mantiene con Rob Brydon en la serie de televisión The Trip.

Su funeral concluyó con In the Mood de Glenn Miller y el humor fue la nota dominante incluso en algunos de los mordaces comentarios que se publicaron tras su muerte. El mejor de ellos provino de su antiguo productor y director, Roy Boulting: "Como hombre era despreciable, probablemente su peor enemigo, a pesar de los múltiples candidatos". Es difícil no pensar que Peter Sellers habría sonreído al escucharlo.

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