Pasión

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El maestro y el Testarossa

A pesar de ser de Modena, como Enzo Ferrari, Franco Fontana, uno de los maestros de la fotografía italiana, nunca había fotografiado un coche del magnate italiano, hasta que un encuentro fortuito dio vida a una de las fotografías más emblemáticas del Ferrari Testarossa
Texto

Susanna Legrenzi

Riccione, 1985. Franco Fontana, uno de los fotógrafos más célebres de Italia, nacido en la región de Emilia en 1933 y ciudadano del mundo sin saber inglés, recibe la llamada de una revista americana para encargarle un trabajo con un Ferrari Testarossa. La historia empieza aquí. «No era un gran apasionado del automovilismo, pero, para nosotros los modeneses, el Testarossa ha sido siempre un icono», cuenta Fontana. «Así que llamé al director de marketing de Ferrari, que puso a mi disposición un piloto. Juntos salimos raudos hacia Riccione.

Pasé todo el día fotografiando el Testarossa delante de las cabinas de baño, pero no me sentía satisfecho. A la puesta de sol, cuando ya íbamos de vuelta, vi una dársena junto al mar. Aparcamos en la playa. Había bajado la marea y el Testarossa se reflejaba en el agua. Pero tampoco me bastaba. En ese momento, por pura casualidad, pasó por allí un grupo de jóvenes con un perro. 

El taller de pintura en Maranello, en 1985. La foto era parte de la exposición 'Homage à Ferrari', celebrada en 1987 <em>Foto: Franco Fontana</em>
El taller de pintura en Maranello, en 1985. La foto era parte de la exposición 'Homage à Ferrari', celebrada en 1987 Foto: Franco Fontana

Era un dálmata. Non un teckel ni un perro lobo, sino un dálmata con la piel blanca y negra, como las rocas del fondo. Ya lo tengo, pensé. Y así fue. A lo largo de los años, he oído todo tipo de comentarios sobre aquel perro. Incluso que era de cerámica. Cuando cuento el origen de esta imagen en mis talleres de fotografía, siempre muestro la foto del perro desde todas las perspectivas: delante, detrás, arriba, abajo… Con esto quiero decir que, más allá de la anécdota, un hecho fortuito se convierte en una realidad solo en el momento en que se comprende».

Ya de vuelta a Módena, Fontana entrega las copias al director de marketing. Enzo Ferrari se enamora de ellas y pide una litografía. Firma 50 copias y, con ello, convierte un día en Riccione en una de las imágenes más icónicas del Testarossa. ¿Conocía a Drake? (uno de los apodos con los que se conocía a Enzo Ferrari) «Sí, todos en Módena nos conocíamos», confiesa Fontana. «Recuerdo las cenas organizadas en su honor por el Ayuntamiento. Llegaba puntual, charlaba cordialmente con todos, bebía solo agua y a las 22:30 se despedía con cortesía. Una vez pasó por mi tienda de muebles. Sí porque, hasta 1971, fui propietario de una sala de exposición de muebles de diseño, la primera de Módena. Buscaba un sofá para su despacho. Estuvo mirando, pero, para escogerlo, mandó a su secretaria».

Coche de Fórmula Uno Ferrari cubierto(1985) <em>Foto: Franco Fontana</em>
Coche de Fórmula Uno Ferrari cubierto(1985) Foto: Franco Fontana

Pasar una tarde con Fontana es un poco como ir al analista. No a un psicoanalista, sino a un analista zen que cuenta historias y te mira desde el otro lado de una gran mesa en una sala repleta de libros, cuadros, y figuras de cerámica y cristal traídas de todo el mundo. Sobre la mesa puede verse una autobiografía que empieza y acaba en Módena tras multitud de viajes frenéticos por los cinco continentes. Los recuerdos del primer portafolio publicado en 1964 por “Popular Photography”. Las fotos de moda para “Vogue América”. Las campañas realizadas para los grandes colosos del mercado, desde compañías de transporte hasta sellos discográficos o firmas de alta costura. La lista de algunas de las más de 400 exposiciones que han rendido homenaje a este maestro absoluto del color, desde la Maison Européenne de la Photographie de París a la Fondazione Modena Arti Visive, donde recientemente se ha expuesto una retrospectiva de su obra bajo el título “Franco Fontana. Sintesi”.  Ese Fontana que transforma una construcción de Frankfurt en un cuadro de Paul Klee, una playa de Florida en un lugar atemporal, un detalle de la arquitectura neoyorquina en una pieza abstracta... ¿el secreto?

«Hay que fotografiar aquello que se imagina, no lo que se ve. Se dispara con la mente, no con los dedos. Por perfecto que sea un paisaje, la foto no dirá nada hasta que el autor esté dispuesto a hablar desde sus propias entrañas. La fotografía artística no es una postal. El artista solo lo es cuando crea un mundo».

 

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