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Eventos
24/05/2016

Ferrari Tribute to Mille Miglia 2016

De Brescia a Roma, ida y vuelta, por las carreteras de la “carrera más bonita del mundo”

Enzo Ferrari decía que la Mille Miglia era “la carrera más bonita del mundo”. Afirmación suficiente para incitar en cualquier ferrarista la ambición, no precisamente oculta, de protagonizar el evento que todos los años conmemora un capítulo de la historia del automovilismo mundial. Es decir, la carrera histórica que atraviesa Italia de norte a sur, recorriendo parte de las mismas carreteras de aquella carrera de velocidad, con los coches del Cavallino Rampante del Ferrari Tribute to Mille Miglia abriendo pista.

 

Una llamada a la que no han podido resistirse los más de 65 equipos procedentes de todo el mundo para la edición de 2016. Han desfilado modelos de varias épocas, desde el 365 GT2+2 de 1969, pasando por el F40, hasta el novedoso F12tdf, sin olvidar el 488 Spider y el California T. 

Un 430 Scuderia 16M disfruta de un poco de sombra en Parma 

Todos compitiendo por el premio simbólico al “vehículo preferido” que adjudica el numeroso público que se agrupa a lo largo de las carreteras de los más de 250 municipios que atraviesa en cuatro días y los seguidores del evento a través del smartphone gracias al nuevo canal Instagram @ferrari.

Y, pese a que la lluvia (fuerte) nos acompañó durante la primera etapa del jueves: los equipos y los espectadores estuvieron allí, los primeros concentrados en el volante y los segundos aplaudiendo y animando a lo largo de los más de 300 kilómetros de recorrido. La salida después de comer, a orillas del Lago de Garda en Desenzano, para luego recorrer el encantador parque jardín de Sigurtà di Valeggio sul Mincio, y dirigirse hacia Romaña, pasando por delante del Castillo Estense de Ferrara y la Piazza del Popolo en Ravenna. 

Un F40 en via Veneto en Roma 

Y después, el tirón final por la tortuosa carretera del monte Titano, donde San Marino esperaba impaciente para recibir a los protagonistas del Tribute, en los últimos kilómetros antes del merecido descansado nocturno en Pesaro.

 

Ante las miradas de asombro de los habitantes de Pesaro al ver la fila de Ferraris diligentemente colocada en la Piazza del Popolo, a las ocho del viernes comenzó la segunda etapa. El recorrido atravesó las Marcas y los Abruzos: desde Senigallia a Loreto hasta Recanati, para luego pasar por Macerata, Civitanova Marche, Fermo y San Benedetto del Tronto. Después se puso en marcha hacia la capital, recorriendo la via Salaria y atravesando el Valle de Corno. 

Un 488 GTB en el campo italiano entre Pesaro y Roma

A su llegada a Roma, el Tribute fue recibido por mucho público y un magnífico sol: después de Villa Borghese, los coches de Casa de Maranello desfilaron por la céntrica via Veneto. Escoltados por las fuerzas del orden, atravesaron la ciudad eterna, cuyo frenesí dejó espacio a un silencio surrealista, como si quisiera disfrutar de cada nota de los motores Ferrari.

 

El tema del sonido también se hizo prepotente en la tercera etapa, en la que la caravana emprendía la marcha hacia el norte desde Roma, pasando por Viterbo y entrando en Toscana. En el escenario único del Val d’Orcia y del Valle dell’Ombrone, los fans a pie de carretera hacían apuestas sobre el nombre del coche que iba a aparecer. Y en una abarrotada plaza del Campo di Siena, el público vivió durante unos instantes la experiencia de asistir a una ópera donde los arcos fueron reemplazados por la caballería made in Maranello.

El 458 Speciale durante la primera etapa del evento en Loreto

Tras tocar la magia de Florencia, llegaron los pasos de montaña del Futa y del Raticosa, donde antiguamente se decidía el ganador de la verdadera Mille Miglia, con muchísimas curvas, una detrás de otra que no dan respiro. Luego, Boloña y el esperado paso por el Museo Enzo Ferrari de Módena antes de llegar a Parma.

 

Y así llegamos al último día: Lodi, con el homenaje de los organizadores de la Mille Miglia al piloto de casa Eugenio Castellotti, ganador de la carrera en 1956 al volante de un Ferrari 290 MM, la entrada en el templo de la velocidad de Monza, el abrazo de Bérgamo, la llegada final en Viale Venezia de Brescia. Últimos instantes de una experiencia que ninguno de los presentes podrá olvidar fácilmente.