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Una vuelta por la costa

Emma Murray saca el primer Portofino de Nueva Zelanda para dar una pintoresca vuelta, desde Auckland hasta la costa del Mar de Tasmania.
Texto

Jacqui Madelin

Auckland está situada entre dos puertos. Al este se extienden las playas doradas. Al oeste, un fascinante paisaje de colinas volcánicas negras. Se trata de un entorno primitivo formado por volcanes en el mar que estuvieron activos hace 20 millones de años. Durante eones, los fenómenos meteorológicos crearon acantilados y altiplanos, cortados por las fuertes corrientes de los bosques semitropicales. Esta zona permaneció intacta hasta que las canoas del Pacífico trajeron a los antepasados de las tribus maoríes en el siglo XIII. Cuando los primeros barcos europeos llegaron, el área fue intensamente deforestada durante más de un siglo. Ahora es un parque regional que conserva los vestigios de los enormes árboles kauri en 30 000 hectáreas de bosque reforestado.

Es un paisaje salvaje, incluso en los meses de verano. Las estrechas carreteras que lo atraviesan hasta el mar son también dramáticas, una auténtica recompensa para un coche ágil. También gratifican al conductor ávido, como Emma Murray, la propietaria del primer Ferrari Portofino en Nueva Zelanda. Cuando arranca el motor biturbo V8 de 3,9 litros, apunta el morro hacia el oeste. Después de hacer rugir el motor en la periferia de la ciudad, sube a las colinas de alrededor antes de descender y desencadenar una sinfonía automovilística tan primitiva como el paisaje que la rodea.

El Variable Boost Management mejora la aceleración en cualquier marcha, una auténtica ventaja teniendo en cuenta lo estrechas que son las carreteras por aquí. A Emma siempre le ha gustado esta costa. «Solía venir aquí cada fin de semana —dice—. Me encantan la arena negra, las tormentas... Es una zona relativamente solitaria, especialmente en invierno, cuando las montañas están envueltas por la niebla». Empezó a interesarse por los automóviles cuando era una adolescente aficionada a la Fórmula 1. 

Emma Murray se toma un descanso en un día al volante de su nuevo y adorado Portofino <em>Foto: Duncan Innes</em>
Emma Murray se toma un descanso en un día al volante de su nuevo y adorado Portofino Foto: Duncan Innes

Hoy en día le apasiona ir al evento en Singapur y divide el año entre Nueva Zelanda y Sussex Occidental, cerca del circuito de Goodwood, donde es miembro del Goodwood Road Racing Club desde hace mucho tiempo. Emma compró su primer Ferrari hace seis años (un 355 de 1997). Desde entonces ha añadido a su colección un 458 Speciale, un 458 Spider, un 488 y ahora este Portofino.

Está a la espera de dos modelos más. La mayoría están guardados en otros garajes, pero el Portofino se queda en su casa. «Me gusta que sea un coche para el día a día —exclama—. Es un cuatro plazas (aunque es cierto que los pasajeros de atrás deben ocupar poco espacio) y es extremadamente cómodo de conducir».

Las espectaculares vistas del mar gratifican al conductor después de atravesar las oscuras carreteras por el bosque <em>Foto: Duncan Innes</em>
Las espectaculares vistas del mar gratifican al conductor después de atravesar las oscuras carreteras por el bosque Foto: Duncan Innes

Gira en la carretera de Piha y desciende hacia la famosa playa de Karekare, una extensa curva de deslumbrante arena negra a los pies de los acantilados. Estas carreteras limitan los 600 CV del Portofino. Sin embargo, la tecnología de control de tracción (F1-Trac) interviene cuando las hojas húmedas cubren el asfalto, los frenos cerámicos de carbono se preparan para la acción y la suspensión MagneRide absorbe los baches de esta zona poco transitada.

Después de una breve pausa en el aparcamiento de la playa, es hora de volver a subir por la empinada colina hasta Piha, famosa por sus competiciones de surf, donde una cafetería diminuta ofrece una sencilla comida orgánica casera, seguida de un espresso en la tienda del pueblo. Reclinada en la baranda, Emma admira los costados esculpidos del Portofino y opina: «Es como una obra de arte.

Final de trayecto: los surferos disfrutan de las olas que surcan más de 2000 km de océano abierto desde Tasmania <em>Foto: Duncan Innes</em>
Final de trayecto: los surferos disfrutan de las olas que surcan más de 2000 km de océano abierto desde Tasmania Foto: Duncan Innes

No tiene sentido comprarlo si no te encanta».«El sonido es la mejor parte —reconoce Emma—. Me disgusté mucho cuando hicieron que los coches de F1 sonaran como un cortacésped. Adoro el sonido de este coche. Te hace sentir como...». No tiene palabras para describirlo, pero muestra una sonrisa de oreja a oreja que aparece cuando esta elegante mujer habla entusiasmada sobre circuitos y esas cosas. Justo en ese instante empiezan a caer las primeras gotas de la lluvia vespertina.Es el momento de cerrar el techo del Portofino. Y de relajarse tomando una copa de vino tinto neozelandés, viendo a los surferos solitarios en la bahía.

 

 

 

 

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