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EL FERRARI NÚMERO CERO

EL FERRARI NÚMERO CERO

Hace 80 años, Enzo Ferrari fabricó su primer automóvil. Aún no llevaba su nombre, pero sí el sello de lo que más adelantes serían los coches del Cavallino. Solo ha sobrevivido un modelo. Seguramente es el coche más valioso del mundo y está en manos de un coleccionista que vive cerca de Maranello.
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Vincenzo Borgomeo

Estos días se cumplen 80 años del nacimiento del Santo Grial de Ferrari: el “Auto Avio Costruzioni 815”, el primer automóvil construido por Enzo Ferrari antes de fundar su marca. Todo empezó cuando Ferrari dejó la dirección de Alfa Romeo en 1939: debido a una cláusula del contrato, no podía construir coches con su nombre (estaba demasiado vinculado a la Scuderia Ferrari y, por tanto, a Alfa Romeo). Por eso, Enzo fundó la empresa Auto Avio Costruzioni en un lugar próximo a la antigua sede de la Scuderia Ferrari y empezó a producir máquinas herramientas, en concreto rectificadoras hidráulicas.

Inició una fructífera colaboración con Piaggio, RIV y la Compañía Nacional Aeronáutica de Roma, pero la pasión de quien más adelante se convertiría en “Il Commendatore” seguían siendo, obviamente, los coches de carreras. Por eso, la minúscula empresa puso en marcha también el proyecto de diseño y construcción de un coche deportivo, un biplaza descapotado con motor de 8 cilindros y 1500 cc (de ahí el nombre de 815) del que solo se hicieron dos unidades y que participó en la Mille Miglia de 1940. Acababa de plantar la semilla.

El 815 de Auto Avio Costruzioni hace su debut en la edición de 1940 de la carrera de carretera Mille Miglia de Italia <em>Foto: Colección Zagari</em>
El 815 de Auto Avio Costruzioni hace su debut en la edición de 1940 de la carrera de carretera Mille Miglia de Italia Foto: Colección Zagari

La carrocera Touring de Milán diseñó las espectaculares líneas del vehículo, un barqueta biplaza, mientras que el motor de 8 cilindros en línea nació acoplando dos pequeños motores Fiat. El coche inició rápidamente su andadura en la Mille Miglia del 28 de abril de 1940, pero luego estalló la II Guerra Mundial y con ella llegó el olvido, ya que se cancelaron de golpe todas las competiciones deportivas. Por tanto, el Comendador se concentró en la producción de rectificadoras hidráulicas para rodamientos.

Alberto Ascari, Enrico Nardi, Alfonso Lotario, Rangoni Machiavelli y Giovanni Minozzi fueron los pilotos que corrieron en el Auto Avio Costruzioni: un coche legendario que más tarde daría lugar al 125, el primer Ferrari de la historia. Parece increíble, pero el Auto Avio Costruzioni 815 aún existe. Se encuentra en Italia, en la colección Righini de Anzola Emilia. Aún conserva la pintura original, ese color amaranto oscuro tan alejado del rojo que sería la enseña de los Ferrari a partir del 125 S. Se estima que este modelo podría valer en la actualidad más de 100 millones de euros y que, por consiguiente, sería el coche más valioso del planeta, naturalmente junto al legendario GTO del que, sin embargo, se produjeron 30 unidades. En cambio, del 815 solo queda una.

Esta es la razón por la que el 815 de Righini es el verdadero Santo Grial del mundo del automovilismo: de los dos Auto Avio Costruzioni construidos, solo ha sobrevivido uno. El otro ejemplar era del Marqués Lotario Rangoni Machiavelli que, tras un accidente, lo llevó a desguazar. Pero su hermano Rolando Rangoni Machiavelli volvió a encontrarlo en 1958 en un desguace: le hizo una fotografía y acudió a Enzo Ferrari para comprobar si ese amasijo de chatarra era el 815 accidentado. El Comendador lo confirmó, pero cuando Rolando Rangoni Machiavelli volvió para recuperar los restos, ya lo habían destruido. Hasta siempre. La misma suerte corrió el Ferrari 125S, el primer modelo construido por la marca del Cavallino.

Alberto Ascari, campeón mundial de F1 en 1952 y 1953, al volante de su amado 815 Auto Avio Costruzioni
Alberto Ascari, campeón mundial de F1 en 1952 y 1953, al volante de su amado 815 Auto Avio Costruzioni

Por lo tanto, el 815 de Ascari, que aún está en perfecto estado, es el Ferrari número 0. Y, por si alguien alberga alguna duda, fue el mismo Enzo Ferrari quien, hace años, reconocía en una carta autógrafa que aquel vehículo era uno de los dos 815 construidos por él.

“La compra se hizo en Florencia y estaba en bastante buen estado –cuenta el coleccionista– porque había participado en pocas carreras”.  Righini lo adquirió en 1955, cuando este spider no era más que un coche viejo (Ferrari nació en el 47), lo que demuestra una vez más que las leyendas del automovilismo siempre han pasado por periodos de olvido.

Pero, ya en aquella época, el “815” estaba repleto de ideas y elementos extraordinariamente modernos: por ejemplo, los faros estaban completamente carenados y el morro contaba con seis ranuras (tres a cada lado) que no eran elementos decorativos, sino tomas de aire para mejorar la eficiencia de los frenos. La propia carrocería, con la parte trasera alargada, se había diseñado para mejorar la penetración aerodinámica y, de esta forma, aumentar la velocidad en las rectas. En resumen, un montón de tecnología. No es de extrañar que Ascari, campeón de Formula 1 en 1952 y 1953, se enamorase de él.

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