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EL ARTE DE ARRANCAR UN GTO

EL ARTE DE ARRANCAR UN GTO

No basta girar la llave de encendido y pisar el acelerador. El arranque del legendario Ferrari 250 GTO (y todos los modelos de 12 cilindros de la época) requiere un procedimiento meticuloso, casi obsesivo. Es un preliminar que debe degustarse como un buen coñac que precede a una carrera incomparable
Texto

Vincenzo Borgomeo

El calentamiento del motor, al igual que el rodaje de los vehículos, son cosa del pasado. Sin embargo, para los apasionados eran, y aún lo son, ritos mágicos. Un preparativo imprescindible que añade atractivo al placer de conducir. Aquellos que sienten pasión por los automóviles, la sienten en lo más profundo, con el corazón. Por eso, los Ferrari de época son un mundo aparte: debido a sus gigantescos y potentísimos motores, son los automóviles que más necesitan el fascinante rito del calentamiento.

Y, obviamente, esta vez hay un motivo técnico, no sentimental: el histórico motor Ferrari V12 del GTO, utilizado en los Daytona y posteriormente en los modelos 400-412, tenía casi 20 litros de aceite. Un V12 moderno, por ejemplo el del 812 o el GTC4 Lusso, tiene la mitad. Y no solo eso: los conductos del aceite, las “venas” del motor, eran pocos y estrechos. Por tanto, para coger temperatura y el nivel correcto de presión del aceite, un V12 clásico necesita al menos 20 minutos de calentamiento, perdón de “preparación”.

El Ferrari 250 GTO de 12 cilindros en forma de V <em>Foto: Getty Images</em>
El Ferrari 250 GTO de 12 cilindros en forma de V Foto: Getty Images

Un rito divertidísimo para los apasionados porque, durante esos minutos, sientes cómo el V12 cobra vida, despierta, se prepara para liberar su increíble potencia. Pero, naturalmente, no es solo una cuestión del motor: tiene que “calentarse” todo el vehículo: “En el caso del GTO, y de todos los Ferrari de época –explica Gigi Barp, responsable de Ferrari Classiche–, un minuto después del encendido conviene moverlo suavemente para calentar y hacer que circulen todos los líquidos que lubrican y refrigeran a la criatura, de forma que, cuando el motor esté listo para rugir, el cambio, el diferencial y toda la transmisión también estén listos para que el GTO despliegue su magia”.

Uno de los “fragmentos” más bellos de periodismo, y la mejor narración del rito del calentamiento, viene de la mano de Jess Pourret, fundador de Ferrari Club France y gran coleccionista de Ferraris. Al final del libro titulado “Ferrari 250 GTO” (K. BLUEMEL E J. POURRET, Giorgio Nada Editore, Milán, 1988), hay un pequeño capítulo que por sí solo vale lo que cuesta el volumen completo: “Mi vida con el GTO”. “Nosotros –escribe Pourret– o sea el 3607 GT (los GT0 se designan por el número de chasis) y yo llevamos casados casi 20 años y la luna de miel aún no ha terminado.

Hemos hecho un montón de cosas juntos”. Y después de contar que ha desmontado y vuelto a montar cada pieza posible del auto, y de hacerle una auténtica declaración de amor, (“el GTO ha sido para mí una fuente de placer y diversión como ningún otro automóvil, porque es algo más que un coche”), Pourret comienza la descripción de su paseo con el vehículo: “Todo está tranquilo en el garaje. Es un momento mágico. Empieza la diversión. Se encienden las luces. Ahí está, bajo un manto de polvo que cubre sus formas femeninas. Retiro el polvo y doy un paso atrás para ver el resultado. Qué maravilla, la carrocería reluce. Pero el coche aún está frío. 

Las &quot;branquias&quot;, las salidas de aire laterales t&iacute;picas del Ferrari 250 GTO
Las "branquias", las salidas de aire laterales típicas del Ferrari 250 GTO

Jess describe con todo lujo de detalles la ceremonia de preencendido, que se prolonga durante un buen rato. Y luego arranca. “Los Weber tosen un poco y escucho cómo escupen lenguas de fuego; oigo un curioso ruido de expulsión de gases, suena un ‘Bang’ y un humo acre comienza a llenar el garaje. Qué momentos…

Los 12 cilindros ya se han puesto en funcionamiento y, tras un par de minutos a 1500 revoluciones fijas, todo funciona con una sincronía perfecta. Mantengo pisado el embrague, meto primera y suelto lentamente el embrague. El GTO cobra vida y la sangre se le calienta mientras sale del garaje hacia la luz del sol. Avanzo lentamente durante más 15 minutos: requiere cierta dedicación practicar este rito…”.

A continuación, Pourret vuelve a parar. Inicia otros procedimientos de control que describe minuciosamente. Y vuelve a arrancar: “De nuevo en funcionamiento, los 12 cilindros saltan como un muelle a presión mientras los tubos de escape truenan como fuegos artificiales el 4 de julio. Ha alcanzado la temperatura perfecta”. El GTO está caliente. Ha cogido temperatura, empieza el juego.

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