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Personas
29/11/2017

Encuentro entre Daniel Harding y Vincenzo Regazzoni de Ferrari

El director de orquesta británico conversa con el director de fabricación de Maranello

El arranque, tanto en la música como en el mundo del automóvil, resulta fundamental para alcanzar el éxito. Por lo tanto, no sorprende que el primer punto en común entre Vincenzo Regazzoni, director de fabricación de Ferrari, y Daniel Harding, uno de los directores de orquesta más destacados del mundo, surja transcurridos apenas 30 segundos de conversación.

 

Al entrar en la zona donde se fabrican los coches de ocho cilindros de Ferrari, Regazzoni menciona que el edificio es un diseño de Jean Nouvel. “Qué extraño”, afirma Harding, “el teatro de París en el que tiene su sede mi orquesta principal también lo diseñó Jean Nouvel. Me parece realmente asombroso”, sigue diciendo mientras mira a su alrededor. “No me esperaba que Jean Nouvel fuese capaz de hacer algo sin utilizar el color negro”. 

Harding disfruta de una gira por Maranello con Regazzoni Foto: Simone Lezzi 

De hecho, el espacio en el que nos encontramos es un lugar amplio y luminoso y parece cualquier cosa menos una cadena de montaje industrial: se parece más a una sala de operaciones que a un taller. “El motivo es muy sencillo”, explica Regazzoni, “cada Ferrari es diferente. Existen tantas especificaciones, tantas posibilidades, que nunca fabricamos dos coches idénticos. Los clientes pueden solicitar el acabado interior en cualquier material”.

 

Un cliente quiso una vez acabados de piel de tiburón. “¿Y consiguieron hacerlo?”, pregunta Harding. “Hicimos todo lo posible”, contesta Regazzoni con una sonrisa. Lo que nos lleva al tema central de nuestra conversación.

 

¿Cómo sacar el máximo partido de un grupo de personas? Al fabricar un coche, igual que cuando se toca una sinfonía, el hecho de compartir un objetivo no significa que se comparta un plan de acción. Pero hay una cosa que es segura: todo el mundo debe intentar hacer el máximo posible.

 

“Hay orquestas a las que les encanta que se las dirija, que consideran al director su metrónomo, y que necesitan que se les diga qué tienen que hacer”, explica Harding. “Sin embargo, hay otras que necesitan coordinación, que necesitan ponerse de acuerdo. Mi maestro, Claudio Abbado, utilizaba este método, que es mío también en cierta medida. 'Escuchad al primer violín', les decía a los instrumentos de viento. 'Escuchad a los violonchelos', les decía a los violines. 

Los dos hombres inspeccionan las líneas de producción de Ferrari Foto: Simone Lezzi 

Dicho de otro modo, intentaba establecer conexiones. De esta forma, la orquesta se convierte en una red, una secuencia de relaciones tan estrechas que, incluso si una se rompe, la red puede seguir comunicándose todavía de forma efectiva dentro de sí misma”.

 

Regazzoni asiente. “Cada coche es diferente. Esto significa que cada trabajador, en cada coche, debe trabajar en la misma situación pero no hacer exactamente lo mismo. Sería absurdo enseñar a un robot a ser tan versátil. Aquí en Ferrari, las operaciones automáticas se reducen al mínimo precisamente porque cada coche es diferente. Pero es que son realmente distintos. No creo que hayamos hecho nunca dos coches idénticos. Incluso queriendo, habría resultado muy complicado”.

 

Si compras un Ferrari esperas que algo excepcional sea lo habitual. Igual que aquellas personas que van a ver tocar a una orquesta dirigida por Harding. “Considero que este es un punto fundamental”, explica Harding. “Creo que todos los que vamos a escuchar a una orquesta dirigida por una persona proyectamos nuestras expectativas en lo que vamos a escuchar y también en su director. 

Los dos encontraron muchas cosas para discutir en la fábrica Foto: Simone Lezzi 

En la práctica, su reputación como director y, sobre todo, como persona es lo que influye en nuestro criterio”.

 

Incluso un Ferrari, desde el punto de vista de la definición, es un coche. Pero entonces te metes en uno, enciendes el motor y el sonido que escuchas no se puede definir como el “sonido de un coche arrancando”. No se trata de un ruido; es un tributo a lo que pueden hacer las personas si se esfuerzan, da igual que sean ingenieros, directores de orquesta o público final de un caso excepcional de obra de arte moderna que cualquier persona puede admirar.



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